Ramon Espasa i Oliver

Tuesday, December 13, 2005

Ley del tabaco. Discurso en el Pleno del Senado. Novembre 2005

Por el Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrès tiene la palabra el senador Espasa.

El señor ESPASA I OLIVER: Señor presidente, señoras y señores senadores, ésta es una ley buena, ésta es una muy buena ley. Voy a dedicar el tiempo que me es permitido utilizar para defender las enmiendas y los votos particulares para defender el conjunto de la arquitectura de la ley porque me parece mucho más importante que algunos aspectos concretos, que alguna pequeña incongruencia que se da aún en este proyecto de ley, lo que el senador Cuenca Cañizares señalaba quizá con excesiva vehemencia.
¿Qué es lo que se propone con esta ley? Con esta ley se proponen tres cosas: en primer lugar, reducir los puntos de venta del producto legal llamado tabaco; en segundo lugar, reducir e impedir drásticamente la publicidad de los productos del tabaco; y en tercer lugar, y quizá la más importante, separar los ambientes en que haya aire contaminado por humo de tabaco. Se ha dicho, y tengo buenos amigos en la sala y fuera de ella que me estarán escuchando, que esta es una ley prohibicionista. Que parecíamos o bien miembros del ejército de salvación tocando las trompetas y los tambores para evitar que los amigos caigan en el vicio de fumar, o talibanes sanitarios. Pues bien, señoras y señores senadores, queridos amigos, ni somos miembros del ejército de salvación ni somos talibanes sanitarios. Somos simplemente demócratas. Porque, ¿qué es lo que persigue la ley? ¿Cuál es su núcleo central? Por evidencias científicas que no voy a enumerar, se sabe, señorías, que el aire contaminado con humo de tabaco representa un riesgo para la salud de las personas que lo inhalan.
En función de esta evidencia empírica, hoy incontestable, la mitad de riesgo que toma para sí un fumador voluntario lo tiene un fumador pasivo. Recuerden ustedes que el artículo 45 de la Constitución Española dice que es deber de los poderes públicos proteger la salud pública, y ante esta nueva evidencia empírica -nueva desde hace unos diez años-, ante esta contundente evidencia científica, ¿qué tienen que hacer los poderes públicos? Inmediatamente separar a las personas que no voluntariamente deban inhalar aire contaminado con humo de tabaco, y esto es lo que hace la ley, y lo hace en cuatro niveles. En el aire libre, en el ambiente, sobre lo que la ley evidentemente no dice nada; cada uno hace lo que quiere ahí. En el espacio privado, sobre lo que evidentemente la ley no dice nada; cada uno hace lo que quiere ahí. En los espacios públicos o colectivos de ocio, donde la gente va voluntariamente, pero se encuentra con otras personas que también voluntariamente han ido; una solución sencilla y clásica es separar ambientes, de forma física, de forma total, con sistemas de ventilación, separada y distinta, entre los que voluntariamente fuman y están dispuestos a inhalar aire contaminado con humo de tabaco, y los que no fuman y no deben ser expuestos al aire contaminado con humo de tabaco; eso en los espacios públicos de ocio a los que se acude voluntariamente. Y queda un cuarto nivel, señorías, el centro de trabajo, donde como todos ustedes saben no acudimos voluntariamente, sino porque debemos; porque queremos, pero también porque debemos. Ahí, en esta situación distinta, es donde la ley, yo creo que de forma acertada, de forma positiva, de forma coherente con las evidencias empíricas y científicas que tenemos sobre el perjuicio grave que el aire contaminado con humo de tabaco produce a los que lo inhalan pasivamente, señala la imposibilidad de fumar durante las horas de trabajo.
Por tanto, no es una ley que prohíba ninguna conducta; miren ustedes la ley; léansela del derecho y del revés; no encontrarán ninguna conducta prohibida. Encontrarán, eso sí, espacios delimitados; encontrarán, eso sí, separación entre humo contaminado y humo no contaminado; encontrarán -y después me referiré a ello- limitaciones a la publicidad; encontrarán limitaciones a los puntos de venta, pero, ¿inducción o prohibición de cualquier conducta? Ni una, señorías. Por ello, de ley prohibicionista, nada. Eso es lo que dicen las tabaqueras; no digan ustedes lo mismo que dicen las tabaqueras. De ley prohibicionista, nada de nada de nada.
Es una ley que asegura y promueve la salud pública, separando ambientes, y dejando que cada uno haga lo que quiera, por supuesto que sí. Somos uno de los pocos países del mundo -y me enorgullezco de ello- que incluso en las sustancias ilegales adictivas, es decir, en las drogas, no penaliza el consumo. Por tanto, no se opone a la conducta del ciudadano español que decide consumir una droga; ¿cómo iba a prohibir el fumar, como se ha dicho, de forma superficial y repetida? ¿Cómo podría plantearse alguien que ésta era una ley prohibicionista, que ésta era una ley intervencionista, que ésta era una ley que modificaba las conductas de los españoles de forma coercitiva? En absoluto, señorías; en absoluto. En consecuencia, ley que separa ambientes, ley democrática, ley positiva en salud pública, y nada de ley regresiva, nada de ley persecutoria, nada de ley prohibicionista.
La ley también reduce los puntos de venta, y debería -pero no ha podido ser así, y hago una crítica amable, pero crítica, al ministro de Economía y Hacienda- haber incrementado la fiscalidad del tabaco. Se sabe, es una evidencia empírica, que cuando aumenta el precio del tabaco y cuando se limita la publicidad y los espacios donde se puede fumar, por las razones que he dicho antes y que no voy a repetir, baja en picado el consumo del tabaco, en los países donde se ha hecho. Hay evidencias empíricas en Francia, en Irlanda, en Suecia y en otros países.
El segundo pie de la ley es éste que les mencionaba ahora mismo: la reducción de los puntos de venta, y faltaría -como decía- un incremento de la fiscalidad del tabaco. ¿Por qué digo esto? Porque las tabaqueras, viendo la amenaza que representaba esta ley para sus intereses económicos y comerciales, se han dedicado a producir tabaco barato a precio reventado, con lo cual están haciendo dos cosas gravísimas: dumping sanitario y dumping fiscal, porque están vendiendo más cigarrillos en España, ha habido un incremento de un uno por ciento con menos recaudación fiscal, porque han bajado los precios. Nosotros aprovechamos esta ocasión para pedir al Gobierno, para pedir al vicepresidente de Economía y Hacienda, que se plantee de inmediato subir la fiscalidad del tabaco para evitar este dumping fiscal y salutífero que las tabaqueras han producido en nuestro país, inundando el mercado con cajetillas baratas.
En tercer lugar, señor presidente, ésta es una ley que limita de forma drástica -y no me duelen prendas utilizar esta palabra- la publicidad, excepto en algún pequeño forúnculo que nos ha salido en el último minuto de la ley y que no voy a mencionar por discreción. Limita muy fuertemente la publicidad ¿Por qué? Porque la publicidad de los productos del tabaco, señorías, no está dedicada, como dicen las tabaqueras, a ganar mercado o a competir entre marcas. Hoy se sabe, señorías, que en un país desarrollado como es el nuestro, las tabaqueras no compiten por marcas o por espacios de mercado, las tabaqueras compiten para ganarse a los futuros adictos, a los jóvenes y a los niños. Éste es el gasto publicitario, vendiendo una vida fácil, atractiva, desinhibida, eróticamente estimulante, transgresora, ustedes han visto y ven los costosísimos anuncios que las tabaqueras dedican a inducir no a los adultos , porque está demostradísimo -y ellas lo saben- que un adulto no empieza el hábito de fumar ni cambia prácticamente nunca de marca, sino a los jóvenes. Y esto es lo que la ley trata de impedir en la medida de lo posible en un Estado social y democrático de derecho.
Pretende impedir la elección equivocada de personas en vías de formación de un hábito que puede ser tóxico para su salud, pero una vez tomada la decisión -vuelvo a lo que decía antes-, ésta es una ley que no prohíbe conductas, cada uno fumará o no fumará según su libérrima decisión, claro que sí, pero es deber político del Estado, del Gobierno, de nosotros como legisladores, proteger y hacer que esta decisión libérrima de cada uno se tome con el máximo conocimiento de los aspectos negativos, que son casi todos, y positivos que pueda tener el hábito de fumar, y por eso se limita tantísimo la publicidad en esta ley.
Esta es, señoras y señores senadores, una ley que separa ambientes de aire contaminados o no contaminados con humo del tabaco, nada de prohibiciones, nada de intervencionismo en conductas, es una ley que reduce drásticamente los puntos de venta del tabaco y que debería haber conseguido incrementar la fiscalidad de este mismo producto y es una ley que limita drásticamente, porque debe ser así, porque es bueno que sea así, la publicidad de los productos del tabaco para proteger a nuestros niños y jóvenes de que se conviertan o no en adictos. ¿Lo vamos a conseguir al cien por cien? Claro que no, ya lo sabemos, ingenuos no somos, pero hemos de poner todo lo que esté en nuestras manos para que esto sea así.
Por estas razones, nosotros, como Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés, presentamos pocas enmiendas a la ley, porque estamos muy de acuerdo con ella, algunas están ya incorporadas, hemos transaccionado otras muchas y sólo quedan vivas dos. En el turno de portavoces me referiré a ellas.

El señor PRESIDENTE: Señoría, ruego termine, por favor.

El señor ESPASA I OLIVER: Termino, señor presidente.
Sobre una de ellas ofreceré in extremis una última transaccional a los grupos del centro y de la derecha, por si quieren sumarse. Hemos transaccionado -como ustedes verán- muchas acciones, muchas enmiendas en esta ley, esperamos que hasta el final, hasta el momento de la votación, podamos transaccionar alguna más.
Nada más y muchas gracias, señoras y señores senadores.

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